Septiembre 23, 2019

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Mil Maneras de Exclusión

Por Darío Iglesias Muñoz

Hasta ahora, la exclusión social era el dibujo de un barrio marginal donde la economía y la situación laboral de las familias eran precarias, las viviendas eran casi chabolas, el alcoholismo sacudía los cimientos familiares o las habilidades sociales brillaban por su ausencia

Actualmente, esta lacra social llamada exclusión, está abarcando otras realidades, agrandando sus posibilidades y acaparando otros perfiles que no son los del barrio marginal que todos dibujamos en nuestras pupilas. Hay otras formas de exclusión. ¿Qué podemos decir de los jóvenes universitarios que tienen que emigrar a otros países en busca de trabajo?,

Son excluidos sociales porque les falta el pilar de la inclusión in situ, es decir, la de acceder al trabajo, a la vivienda o incluso poder formar una familia en sus propios barrios y ciudades. En el mejor de los casos, algunos encuentran trabajos en situaciones precarias, mientras otros, no tienen otra opción que la de seguir viviendo de la generosidad de unos padres que estiran su suelo para llegar a fin de mes. En el peor de los casos, muchos jóvenes tiran por la vía del dinero fácil que mata la dignidad y, a veces, la salud de quienes entran en ese mundo perverso que es la droga.

Conozco varios casos de estos y, sinceramente, es algo lastimoso, sobre todo, por sus consecuencias personales y familiares. También podemos hablar de la nueva situación social de la clase media, los desahucios, las familias que están cobrando cuatrocientos euros al mes, los parados de cincuenta años de edad que ya nunca volverán al mercado laboral, los ancianos que están siendo abandonados por sus familiares, dejándolos al amparo de la soledad o al rescoldo de alguna monjita mayor que todavía tiene aliento para darles cariño, o la situación difícil de quienes cruzan el estrecho en busca de una vida más digna y humana. Miles de rostros excluidos que dibujan la pobreza humana en cada una de las calles de nuestros barrios y ciudades. Muchos rostros que esperan políticas humanas y eficaces, soluciones reales a sus problemas y sinsabores.

“Disculpe el señor pero este asunto va de mal en peor. Vienen a millones y curiosamente, vienen todos hacia aquí. Traté de contenerles pero, ya ve, han dado con su paradero”, cantaba Serrat allá por el año 1991. También los pobres de hoy saben el paradero de los poderosos de este mundo, de aquellos que nos gobiernan. Quizás sea el momento de la calle, de exigirles una respuesta, una solución a los problemas sociales. Quizás sea la hora de que estos señores sepan que los excluidos tienen rostro y dignidad.

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Modificado por última vez en Jueves, 29 Agosto 2019 15:11
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