Julio 11, 2020

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Y de repente, Todo cambió

Por Darío Iglesias Muñoz

“A las misas de réquiem nunca fui aficionado. El traje de madera que estrenaré no está siquiera plantado. El párroco que ha de escuchar mi confesión no es todavía monaguillo”, cantaba Sabina haciendo un guiño a la eternidad deseada, a la larga vida que todos queremos vivir y a la muerte que todos queremos esquivar

Pero un individuo invisible llamado Covid-19 del que sabemos poco, nos ha puesto a todos ante la misma realidad, la fragilidad humana, hechura de barro, molde de arcilla. La muerte esquivada se ha hecho la encontradiza con el hombre. Un individuo invisible ha paralizado al mundo y el mundo, mientras duerme y descansa, ha paralizado nuestra alocada vida, la ha puesto patas arriba y la está cambiando aunque nos resignemos a ello. En el siglo IV a.C. como consecuencia de una peste, Grecia experimentó una nueva configuración del mundo y del orden social que culminaría con el Imperio. El Covid-19, ese forastero que pensábamos que venía de visita pero que ya ha puesto su tienda entre nosotros, también nos ha traído un nuevo orden mundial.

De momento, ha puesto de manifiesto nuestra finitud humana y nuestra precariedad. A todos nos ha puesto en el mismo sitio. Hoy, ricos y pobres, poderosos y vagabundos se encuentran ante la misma realidad. ¡Qué débiles somos! Este sistema que dirige nuestras vidas, nos hizo creer tener controlado el mundo. Nos hizo creer que lo dominábamos todo y, ya ves, no es así. Nos hizo creer que el ser humano era el dueño y señor de todo cuanto existe, que podíamos vencer cualquier adversidad, que estábamos por encima del bien y del mal.

Nos dijo que seríamos felices si consumíamos cada día más y nosotros, como verdaderos imbéciles, aceptamos las reglas de ese sucio juego llamado Capitalismo y sus extrañas e inhumanas reglas. Nos repitió hasta la saciedad que lo importante éramos cada uno de nosotros sin tener en cuenta al otro y nos volvimos egoístas. Nos hizo pensar que la vida consistía sólo en tener y en disfrutar placenteramente y, todo aquello que dificultase esta máxima de vida, había que quitarlo de en medio. Creíamos tener conquistado el mundo y nuestro sistema de bienestar. Nos pensábamos dioses de nuestro devenir pero, ya ves, todo ha cambiado.

Un ente invisible que ha aparecido de pronto, ha puesto de manifiesto lo peor de nuestras expectativas. Los humanos empeñados en ser más que Dios, más que la naturaleza, más que el universo, se han topado con su propio barro. Mientras tanto, unos seres con cierto olor a naftalina, ególatras y vanidosos llamados “políticos”, se debaten en palabras vacías. El discurso de siempre con las soluciones de siempre. Todos quieren aportar soluciones a este problema pero son incapaces de trabajar juntos.

En otros países hay apoyos y cohesión sin importar quien gobierne, ¿por qué nosotros somos incapaces? Tengo la impresión, una vez más, de que esos tipos no nos resolverán nada. Estamos solos como ciudadanía. Parece que la gente no espera nada de ellos. Noto indiferencia pero también un cierto odio hacia aquellos que deberían dar soluciones. Así estamos. Sin fuerzas para seguir creyendo en una solución política. Estaría bien que terminara tanta soberbia como tiene la clase política, la vieja y la nueva. A nuestros políticos les tenemos que decir que ya está bien de tonterías. Que pisen, de una vez por todas, el asfalto que pisa el pueblo y se dejen de idioteces.

El ser humano es posibilidad. Frente a la libertad, somos seres capaces de actuar y de mudar aquello que parece firme e inflexible en algo modificable. Somos responsables de nuestras acciones. Despertemos de este letargo. Si ellos no están a la altura, tenemos que estarlo nosotros. Tomemos las riendas de nuestra vida. No dejemos que sean otros los que la construyan a su manera. Vivimos tiempos difíciles pero seguro que saldremos unidos. Espero y deseo que lo hagamos más fortalecidos, con la lección bien aprendida, sabiendo lo que somos, sin pretender nada más. Quiero creer en el ser humano.

Quiero pensar que la vida es mucho más que lo que nos han hecho creer. Quizás sea el tiempo de la palabra “recobrar”, de volver a ocuparnos de las cosas importantes de verdad y a despojarnos de lo superfluo, de recuperar aquellos valores que habíamos perdido o que nos habían quitado. Quizás sea el tiempo de volver a ser lo que fuimos, de aprender de los errores, de comenzar de nuevo, de pensar en los otros, de olvidar rencillas pasadas, de caer en la cuenta de que no somos dioses en este frágil mundo. Sí, es tiempo de volver a lo esencial, a aquellas cosas invisibles que sólo se puede ver bien con los ojos del corazón Amigos y amigas, sin lugar a dudas, recordaremos al Covid-19 como el ser invisible que nos devolvió nuestra humanidad perdida. Aunque si después de esta pandemia nuestra humanidad no es más humana, no habremos aprendido nada de esta vida. Esta es la pregunta que me gustaría lanzar a la humanidad y que ahora te la hago a ti, querido lector, ¿qué queremos ser? La respuesta queda en ti. Un abrazo a todos. Ánimo y adelante.

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